
La “Fiesta de las ánimas” y la no mal llamada “día de muertos”, es una de las festividades más antiguas y tradicionales del pueblo P’urhépecha. Desde antes de la conquista los P’urhépechas profesaban un serio y respetuoso “culto a los muertos”, tradición que se mantiene viva y que actualmente se llama “Fiesta de las ánimas”.
Hay la creencia, entre el pueblo indígena, que las ánimas de los difuntos regresan cada año a sus sitios de origen, a veces venciendo un largo camino y muchas penalidades. Por eso la noche del 1º de Noviembre hay que esperar a las ánimas, con su comida preferida y adornando la tumba o su casa, para que llegue con tranquilidad.
Hay una serie de leyendas y anécdotas que se cuentan en estas fechas. Quizá la más importante es cómo por el rumbo de Ukazanástakua, se ve a una jóven deambulando sin sentido y que es el ánima de Mintzita quien quiso rescatar a su padre el rey Tzintzicha, que había sido secuestrado por Nuño de Guzman. Mintzita le ofreció el tesoro que estaba oculto en el fondo del lago y para esto le pidió a su enamorado que fuera al lago para extraer el tesoro. Pero al llegar al lugar exacto en su canoa, fue atrapado por 20 sombras de remeros que lo condujeron al fondo del lago y ya no le permitieron salir. Así el enamorado de Mintzita, Itzihuapa es el vigésimo primer guardián de tan fantástico tesoro. Mintzita murió de tristeza y por eso en esta noche de las ánimas, se ve por la rivera del Lago la sombra de Mintzita que busca a su amado que se perdió en el fondo del lago.
Sin embargo la tradición y la costumbre de estas comunidades indígenas, es que hay que esperar a las ánimas que vendrán a la media noche del 1º de Noviembre a visitar su hogar y sus seres queridos. Por eso esa noche es una noche de fiesta. Hay que esperar el regreso de nuestros difuntos, con alegría, con adornos en la casa, con abundante comida y permanecer despiertos casi toda la noche.
La celebración de la “fiesta de las ánimas”, tiene ciertas modalidades o expresiones respetuosas.
La noche del 31 de Octubre y madrugada del 1º de Noviembre, se espera el regreso de las ánimas de los niños difuntos. Se les arregla su altar con los juguetes preferidos, sus vestidos de fiesta y se prepara una sencilla cena.
La noche el 1º de Noviembre, se prepara, en la mayoría de las comunidades del Lago, un altar lleno de flores amarilla o flor de tiringuini, con los instrumentos o utensilios que el difunto usaba en vida, su ropa usual, su gabán, su bastón, etc. Y se adorna con los elementos fundamentales del altar de las ánimas, flores, agua, copal, velas y fruta. Se prepara abundante comida que se reparte a los visitantes o amigos de la casa y que se suman a la veneración del difunto.
En otras comunidades, como en Janitzio, en Tzintzuntzan y otras comunidades de la rivera del lago, se adornan las tumbas en el panteón de la comunidad, con arcos de flores amarillas, con pan hecho en casa y figuras de azúcar. Se lleva al panteón comida abundante para que el difunto se recupere del largo viaje.
Es una fiesta de veneración a los difuntos, sobre todo a los que murieron en este año. Se espera con devoción su regreso y toda la noche la campana del templo toca pausadamente, para indicar a las ánimas el camino a su comunidad.
Además
de la vivencia de estas tradiciones, es muy importante
el sentido solidario y de vida comunal que existe
y se manifiesta en estas festividades. Es verdad
que el eje principal es la veneración a
sus difuntos, que con respeto y dedicación
se adorna el altar, se colocan sus pertenencias
más queridas, pero ya entrada la noche,
la familia ofrece a parientes y visitantes una
rica comida en base a nakatamales de pato, caldo
de pescado y corundas. Y así de una manera
muy sencilla se ofrece alimento a todos los visitantes,
un momento de acompañamiento, cualquiera
que sea su condición o su posición
política y social. Ahí todos somos
iguales, en la sencilla mesa, cerca del altar
de las ánimas, disfrutamos del calor familiar
y del recibimiento familiar, expresión
de una solidaridad que en las ciudades se va perdiendo,
si es que alguna vez existió.
Celebremos estas festividades, con el cariño
y devoción del pueblo P’urhépecha,
que siempre ha mostrado hermandad y respeto a
todos, amigos, vecinos, compañeros de luchas,
de angustias y de sueños. Esperemos con
respeto la venida de las ánimas de los
seres queridos que se fueron antes que nosotros
y que durante la noche del 1† de Noviembre nos
acompañan en la soledad y quietud de nuestras
casas, compartiendo con nosotros su historia,
sus recuerdos, sus hechos y sus mensajes que quedaron
escritos en las conciencias de los hijos, como
un testimonio o herencia que perdura de generación
en generación.
ELEMENTOS TRADICIONALES EN LA OFRENDA P’URHÉPECHA.
La flor amarilla de cempasúchitl:
Esta flor en
P’urhépecha se dice “tiringuini
tsitsiki”, nombre que se relaciona con el
color del sol. Aunque ya en la actualidad se han
integrado otro tipo de flores, sobre todo por
la influencia de los mercados citadinos, el “cempasúchitl”,
sigue siendo la flor característica de
la fiesta de las ánimas con sus significados
de vida, fiesta y celebración.
Velas
Símbolo
de la presencia divina, es la luz que da calor,
que ilumina en la noche oscura y que indica el
camino que las ánimas deben de seguir para
llegar a su hogar, en donde la familia y los amigos
las esperan. Señal de luz, de iluminación,
que vence a las tinieblas.
Objetos personales
Son las cosas materiales que el difunto portaba
con orgullo o usaba en las faenas diarias. Se
ponen en el altar, para que cuando el ánima
llegue, encuentre sus cosas preferidas en buen
estado. El sombrero que siempre usaba, el gabán
para las noches de frío, la mecedora en
donde descansaba al término del trabajo
diario, y desde luego los jarros de barro en donde
siempre tomaba el atole blanco a veces acompañado
con calabaza o chilacayote.
Agua
El ánima viene de un viaje muy largo, tener
a la mano un jarro de agua fresca para calmar
la sed, como lo hacía cuando venía
cansado de trabajar, es un elemento indispensable
de las ofrendas de estas festividades.
Sal
Representa el sabor de la comida, el elemento
natural que se usa diariamente en la elaboración
de las comidas y que preserva al cuerpo en buen
estado, como se muestra cuando se prepara la carne
para secarla y comerla posteriormente.
Mazorcas
de maíz
Las mazorcas de maíz ya sea amarillo, gris
o colorado, representan la vida, Es la materia
básica de la alimentación de estas
comunidades. Se hacen las tortillas, los nakatamales,
los huchepos, las corundas, el atole, etc. Representa
el alimento fundamental de esta vida y del regreso
de las ánimas. Debe estar presente en las
ofrendas.
Bebida
Como en su vida, la bebida significa los lazos
de unión entre la familia, entre los amigos,
entre los parientes. Al recibir al ánima,
la debemos acompañar con un poco de bebida,
para seguir uniendo los lazos de solidaridad familiar
y comunitaria.
Figuras
de azúcar
Generalmente son figuras de ángeles que
muestran el respeto y veneración a las
ánimas que están por llegar. En
los altares dedicados a los niños, las
figuras de azúcar son de sus juguetes preferidos,
de animalitos, etc. Es un poco sentir el buen
sabor de la noche de las ánimas.
Copal
Elemento aromático, purificador del espacio
en donde se coloca la ofrenda y en donde se reúne
la familia. Símbolo de la comunicación
con las ánimas y que de alguna manera representaba
la manera visible como se veneraba a los dioses.
Símbolo de comunicación con el más
allá.
Comida
La familia prepara con esmero los platillos que
el difunto prefería en las festividades
familiares. Es un símbolo de la solidaridad
comunal del pueblo indígena que ofrece
con alegría y respeto su rica comida a
parientes, amigos y las personas que quieran visitar
el altar. La comida generalmente consiste en:
caldo de pescado, nacatamales, pozole, cofunda
y atole, de una gran variedad de sabores. La comida
es comunitaria, sin distingos de color de la piel,
de posiciones políticas o de estrato social.
Fruta
Refuerza la idea de que la naturaleza está
ligada a la vida del hombre. Por eso en la ofrenda
se deben de llevar frutas naturales de la comunidad,
como chayote, calabaza, guayaba, chirimoya, limas,
limones, aunque por ser ofrendas que llevan las
“visitas”, se recibe otra clase de
frutas como el plátano, las naranjas, el
níspero, etc.
Cruz
La cruz siempre es símbolo de lo divino
y por lo tanto está presente en la ofrenda
y todos los actos de veneración. Pero además
hace referencia a los cuatros rumbos del universo,
en cuyo centro se ubica el altar o la ofrenda
de esta festividad.
Arco
Generalmente las ofrendas tienen como referente
o elemento que ubica y le da forma a la ofrenda,
un arco de madera o de carrizo, que se cubre de
flores de cempasúchil y que se acompaña
con figuras de dulce, de pan, etc. Además
de darle forma a la ofrenda sirve para indicar
el lugar en donde está la ofrenda y hay
desde arcos pequeños, hasta muy grandes,
de acuerdo a la visibilidad de la ofrenda. A la
entrada de los panteones se suele colocar un arco
cubierto con flores amarillas y a veces hay una
referencia o arco en las casas de las familias
en donde se coloca una ofrenda.
Nota final
Son los elementos básicos que integran
la ofrenda del “día de las ánimas”
y que en las comunidades de la meseta y en los
poblados de la rivera del lago, suelen ser los
tradicionales. Desde luego, la influencia comercial
ha hecho que en ciertos altares aparezcan otro
tipo de elementos, como la presencia del plástico
que sustituye a las coronas de flores, a los arreglos
y tradiciones naturales de decoración de
las ofrendas. Es importante mantener esta hermosa
tradición y comprender el significado de
los elementos que forman la ofrenda del altar
del día o noche de las ánimas.
EQUIPO UARHI.
NOVIEMBRE DEL 2007.
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