
El 1 de Noviembre, por la noche y el 2 casi todo el día, , en muchas de las comunidades indígenas se celebra la fiesta de las “ánimas”, una de las festividades más antiguas, dentro de la cosmovisión indígena, que recoge las tradiciones y costumbres de uno de los pueblos más religiosos, como es el pueblo P’urhépecha.
Cuentan los “Abuelos”, que antes, esta festividad era muy familiar. Con respeto y veneración adornaban los altares o las tumbas de los difuntos familiares, pues había que recordarlos como eran ellos, y había que presentarles sus cosas, vestimentas, herramientas, utensilios de trabajo que él o ella usaba, y además había que prepararle una buena comida con los platillos que a él o ella le gustaban. Tradiciones que se han ido perdiendo y ahora en medio del bullicio y del comercio, no hay paz ni tranquilidad para recordar a “nuestros difuntos”…
Sentimos que hay mucho de cierto en estas expresiones, en estas quejas del pasado….que ciertas prácticas y motivaciones se van perdiendo. Cierto, pero algunas de ellas, las más fundamentales, siguen en pie y se adaptan a los nuevos tiempos, ante el acoso de los “turistas” y vendedores, que quieren darle otro giro a estas tradicionales fiestas con verdadero sabor a indígena. En medio del escándalo de los radios a todo volumen, de la gente que se arremolina en las tumbas de los panteones, las familias permanecen impávidas, serias y silenciosas, como queriendo aislarse del bullicio y del ruido infernal de los visitantes.
Con esa entereza indígena, con esa seriedad casi monacal, se mantienen y se conservan estas tradiciones que le dan vida a un pueblo y que con su silencio pide un poco de respeto a su intimidad, a su diálogo histórico y al recuerdo de sus difuntos. Para ellos es una fiesta, es un encuentro alegre con sus seres queridos que han regresado, como cada año lo hacen, a convivir con su familia, y no permanecer quietos y solitarios en la soledad del olvido.
Equipo UARHINoviembre del 2009
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