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casi todas las comunidades p’urhépechas
la festividad de las animas o la veneración
a los muertos, es una tradición y
una costumbre muy antigua que viene desde
la época precortesiana. Podemos decir
que antes de la llegada de los españoles
los p’urhépechas y los indígenas
de la región mesoamericana celebraban
y veneraban a los muertos con devoción
y festividades propias.
Dentro del amplio panorama de estas festividades
podemos mencionar los siguientes lugares
:
PATZCUARO: En esta hermosa
ciudad patrimonio de la humanidad y pueblo
mágico, hay una serie de actividades
relacionadas con la festividad de las ánimas,
como la gran feria artesanal que congrega
a muchos artesanos de la región que
exponen a la venta sus artículos
de madera, tejidos, etc. En la plaza mayor
o plaza de Tata Vasco. En la Basílica
de nuestra señora de la Salud, en
el museo regional, en el exconvento Jesuita,
en el Palacio de Uitsimengari, y algunas
casonas de la ciudad se exponen altares
de muerto y se desarrollan actividades culturales
según el programa concreto de estas
fechas.
JANITZIO: Una de las festividades
mas bonitas de la celebración de
la noche de las animas (noche del 1†. De
noviembre), es la que se realiza en esta
isla del lago de Pátzcuaro. Ya entrada
la noche las mujeres se dirigen al panteón
para adornar la tumba de sus parientes muertos
con arcos de flores amarillas, con colguijes
de pan y figuras de azúcar y llevando
también casuelas y ollas con comida
típica que le ofrecerán al
difunto que regrese ya entrada la noche.
Mientras la familia sentada alrededor de
la tumba canta y reza responsos hasta la
madrugada del día dos en donde se
celebra la misa y se reparte la comida entre
todas las familias asistentes al panteón.
Esta festividad eminentemente indígena
ha sido interrumpida por la marcha de turistas
que la convierten en un mercado de artesanías
rompiendo la privacidad y veneración
de las familias por sus difuntos.
TZINTZUNTZAN: Pueblito
ubicado a la orilla del lago de Pátzcuaro,
y que antiguamente fue la capital de los
p’urhépechas a la llegada de
los españoles, y que aun conserva
sus ruinas o yacatas prehispánicas
y el hermoso y antiguo convento franciscano
del siglo XVI. Conserva la tradición
de venerar a sus muertos en la noche del
1†. De noviembre con actividades y actos
litúrgicos similares a los de Janitzio.
Esta festividad eminentemente indígena
ha sido invadida por el turismo que la ha
convertido en un gran mercado de artesanías,
de comida típica rompiendo el verdadero
sentido de veneración y recuerdo
de los seres queridos que se fueron.
CELEBRACION EN OTRAS COMUNIDADES:
En las comunidades ubicadas en la orilla
del lago de Pátzcuaro como son entre
otras: Santa Fe de la Laguna, San
Jerónimo, San Andrés, Puacuaro,
Úricho, Jaracuaro, Ihuatzio, Cucuchucho,
Tzurumutaro, Cuanajo, etc. Las
celebraciones de esta noche de las ánimas
se hacen más bien en las casas de
los difuntos que murieron en este año.
Se adorna un altar con flores amarillas
y algunos de sus utensilios preferidos que
usaba con frecuencia el difunto. La característica
de estos altares es que contiene los elementos
fundamentales de esta festividad que es
un cántaro de barro con agua fresca,
velas que alumbran y representan el fuego
del Dios curicaveri, el incienso que sube
al cielo como una ofrenda al difunto y que
impregna de un rico aroma la casa y las
ofrendas con elementos del campo como mazorcas
de maíz, calabaza recién cortada
y el producto de las siembras del traspatio
como el cayote y otros frutos de la naturaleza.
Se acostumbra preparar un platillo tradicional
ya sea pozole, nacatamales de pato, atole
con pan, pescado y corundas que se ofrecen
con generosidad a todos los visitantes al
altar y que generalmente ofrecen fruta de
la región que colocan al pie del
altar. Es un acto y una celebración
comunitaria pues todos los visitantes con
gran respeto recuerdan y rezan por el difunto
y posteriormente disfrutan un rico platillo.
En el resto de las comunidades de la región
p’urhepecha la veneración de
los difuntos se hace en algunos poblados
por la noche del día 1† y sobre todo
durante el día del dos de noviembre.
Las familias acuden al panteón llevando
coronas de colores, flores y veladoras y
pasan algunas horas acompañando al
difunto al que le rezan responsos y oraciones.
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